ANDÚJAR — En la margen derecha del Guadalquivir, donde las encinas dan paso a colinas cubiertas de jara y el lince ibérico acecha discretamente entre sombras, hay otra forma de rastreo, más intangible, pero igualmente persistente: la de las ondas hertzianas. En esta tierra de romerías y silencio serrano, la Sección Local de URE Andújar, presidida por Antonio Jesús Marín Martínez (EA7JLE), opera sin alardes, pero con una constancia admirable.
Entre la tradición y la tecnología
Andújar, más conocida por su fervor mariano que por su pasión por la radio, ha hallado en su sección local un pequeño núcleo de resiliencia tecnológica. En un entorno donde la despoblación avanza tan calladamente como las señales de HF, los radioaficionados no solo mantienen viva una afición, sino una forma de cultura técnica que conecta generaciones.
Aquí no hay blog actualizado ni sede reseñable; pero sí hay algo más raro: una continuidad sostenida por la voluntad individual.
Vocación sin espectáculo
Con pocos medios, pero con el entusiasmo intacto, EA7JLE personifica el perfil del radioaficionado clásico: discreto, competente, comprometido. Su teléfono —659 454 840— no figura en ninguna lista de emergencias, pero si algo ocurriera, probablemente respondería antes que nadie. Esta es, en esencia, la ética de la radioafición: estar cuando nadie más puede.
Una señal para el futuro
La historia de Andújar en la URE no es de grandes eventos ni activaciones espectaculares. Es la historia, más bien, de una señal que nunca se apaga, aunque a veces solo escuche el que verdaderamente presta atención. En un mundo saturado de mensajes instantáneos, la persistencia callada de EA7JLE y su equipo tiene un valor que las métricas modernas aún no saben medir.
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