En el extremo norte de la península, donde la brisa del Cantábrico acaricia los muelles y la sidra se escancia con ritual y orgullo, Gijón emite una señal constante, precisa, y profundamente humana. No es la de un faro ni la de un barco entrando al puerto, sino la que nace desde las antiguas escuelas de La Pedrera, reconvertidas en centro social y punto neurálgico de la Unión de Radioaficionados de Gijón (EA1URG).
Cada jueves no festivo a las 19:00, un grupo de voces invisibles se reúne, como quien comparte café o tertulia, pero con antenas, logs y pasión por las ondas. Desde allí, donde el paisaje asturiano se funde con la tecnología, Enrique A. Sarrion Pueyo (EC1ES) lidera esta delegación con espíritu abierto, cálido y comunitario.
EA1URG no es una simple agrupación técnica. Es un punto de encuentro intergeneracional, donde el conocimiento fluye tanto como la conversación. En su sede —al abrigo del verdor costero y con acceso desde cualquier rincón del Principado— se celebran talleres, charlas, colaboraciones con entidades locales y, sobre todo, mucha práctica: fonía, digitales, CW y soporte en eventos sociales o de emergencia.
Su web (www.ea1urg.org) sirve como canal oficial, pero lo más importante se transmite desde el corazón de sus operadores: la voluntad de seguir conectando, aprendiendo y sirviendo, ya sea desde un walkie en el monte o una estación base en plena tormenta. Con su apartado postal 318, EA1URG se reafirma como una de las entidades con mayor presencia en el norte de España.
Gijón, con su mezcla de tradición industrial y alma marinera, no podía tener una radioafición pasiva. Aquí, la señal no solo viaja: también regresa. Y lo hace cargada de historias, saludos lejanos, amistades tejidas a distancia y el eco de una comunidad que entiende que comunicar es también cuidar.
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