TUDELA, NAVARRA — En una ciudad marcada por el Ebro y custodiada por siglos de historia religiosa, la radioafición ha encontrado un terreno fértil no solo para transmitir señales, sino también para mantener vivas las raíces culturales. La Sección de La Ribera de la URE, con sede en el Edificio El Molinar, es un ejemplo notable de cómo la tecnología y la tradición pueden no solo coexistir, sino enriquecerse mutuamente.
Fundada en 1979 como punto de confluencia de los distintos grupos de radioaficionados de Tudela, la sección ha mantenido desde entonces una presencia activa en la vida cívica y técnica de la comarca. Hoy, bajo la presidencia de Ramón Pla García (EA2DHT), las actividades siguen tan intensas como las ondas que cruzan su modesto shack cada viernes de 20:30 a 22:00.
Las ermitas como coordenadas de pasión
Lo que realmente distingue a la sección no es su ubicación estratégica junto al puente del Ebro, ni siquiera su continuada labor en concursos o eventos, sino la creación y consolidación de uno de los diplomas más ambiciosos y poéticos del panorama radioaficionado español: el Diploma Ermitas de España (DEE).
Desde su creación en 1997 por el recordado presidente Luis Antonio Rota (EA2CJZ), este diploma ha documentado más de 18.000 ermitas, con 7.943 ya activadas y un total que supera los 2.9 millones de contactos realizados. La cifra impresiona, pero más aún lo hace el significado: cada contacto es una intersección entre la geografía, la historia espiritual y la tecnología de vanguardia.
Crónica de una comunidad vibrante
La actividad de La Ribera no se detiene en la radio. Ha organizado congresos nacionales, como el memorable Tudela ‘92 sobre comunicaciones vía satélite, y encuentros sobre comunicaciones digitales y televisión amateur cuando estos eran temas casi proféticos.
Además, su participación en eventos cívicos, sus exhibiciones abiertas al público y su tradicional comida de hermandad anual, refuerzan ese equilibrio entre técnica, comunidad y memoria.
Cuando la devoción se transmite en HF
En un mundo de redes 5G y comunicaciones instantáneas, La Ribera recuerda que la verdadera conexión no depende de la velocidad, sino del propósito. En cada activación de una ermita, en cada QSL enviada desde el Moncayo o el centro Castel Ruiz, late la misma idea: que la radio puede ser una herramienta para conservar lo sagrado, para compartir lo local con el mundo.
Y Tudela, con sus ermitas, su historia y sus operadores comprometidos, emite fuerte y claro.
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